sábado 24 de noviembre de 2007

Mono 11: los sectarios

Hoy he ido de nuevo al Carrefour. Mientras esperaba con la compra en la parada del autobús, he visto tirados en el suelo, junto a un contenedor, una pila de libros marrones con una sola palabra grabada en el lomo: "¡Despertad!". He cogido uno y lo he abierto. Ante mi se ha desplegado el conocimiento universal compilado en trescientas páginas. En una de ellas podía leer un artículo titulado: "¿Existe una solución fácil para el aburrimiento?", pero lo mejor, es que en la siguiente hablaban sobre la búsqueda de orquídeas en Europa. Y así, página tras página con artículos tan diferentes entre sí como "Las termitas, ¿amigos o enemigos?", "¿Qué está sucediendo con los abuelos? o "¿Me conviene aprender defensa personal?". No me quedaba más remedio que llevármelo a casa y descubrir sus misterios.

Dos horas después había averiguado que se trataba de un libro de los Testigos de Jehová (los locos esos a los que nunca quieres abrirles la puerta) y mi mente se ha dejado llevar.

He pensado que si un grupo de personas pueden encuadernar el conocimiento humano y ponerles tapas, ¿qué pasaría si ellos fueran los que gobernaran nuestro destino? Imaginaos cómo sería un mundo donde los sectarios tuviesen la última palabra.

La sanidad viviría una revolución sin precedentes. La eutanasia estaría permitida y, además, se haría de forma colectiva, los martes y los jueves. Los médicos desaparecerían para dar paso a los maestros curanderos africanos, que te harían una limpieza integral sin tocar el Frenadol, cortándole la cabeza a un pollo sería suficiente. Y, además, a los que nos dan pánico las agujas nos dejarían en paz porque cualquier tipo de extracción o transfusión de sangre sería prohibida.

La religión sería bien distinta. Tendríamos una nueva Santísima Trinidad: Carlos Jesús, Micael y Cristofer. Y a Maradona como su Mesías.

En el terreno personal, podríamos llevar una doble, triple o cuádruple vida con tantas mujeres como quisiéramos a la misma vez. El gobierno promovería el aumento de la natalidad a través de amarres. Y dejaríamos de utilizar condones, que todo el mundo sabe que con ellos se pierde sensibilidad. Si tenemos muchos hijos tampoco pasa nada, nos los sacarían adelante el resto de numerarios, al igual que la hipoteca. Y si los niños te salen revoltosos, nada de contratar a una Supernanny, castigos físicos permitidos a tutiplén.

El mundo de las comunicaciones avanzaría una barbaridad. Los aviones serían sustituídos por naves extraterrestres y ya no habría que desplazarse a los aeropuertos, que siempre están a tomar por culo. Con tener un campo de maíz cerca de casa nos bastaría para que fuésemos recogidos. Suprimiendo así también las tasas y los gastos de emisión de los billetes.

Y qué decir de los placeres. Ferrán Adriá podría deleitarnos con una deconstrucción de placenta caramelizada. Los látigos y los silicios estarían subvencionados para los sadomasoquistas. Y se acabarían los problemas de qué ropa ponerse cada mañana: una túnica naranja sería suficiente.

Qué bonito sería, ¿verdad? En comparación con este mundo, el de Aldous Huxley es una mierda pinchada en un palo. Por eso, hago desde aquí un desesperado llamamiento a todos los que podrían hacer posible este sueño: "Sectarios, tomadme toa".


Para que comience el cambio, propongo a esta mujer como futura candidata a la presidencia del gobierno.