martes 4 de diciembre de 2007

Mono 12: los guiris

El otro día iba por la calle Preciados, caminito del trabajo, cuando noté que había una sobrepoblación de pelo zanahoria bebiendo cerveza en las terrazas de la susodicha calle. Eran cientos, qué digo cientos, ordas ingentes de escoceses meándose en la estatua de Carlos III, tirando escupitajos a los patos de El Retiro, comiéndose nuestras provisiones y violando a nuestras mujeres. Y todo eso por qué: por el fútbol. Partido del Atleti contra el Aberdeen (lo he tenido que mirar en Google), un partido de los que marcan un antes y un después en la historia de la humanidad, de los que crean un recuerdo digno de ser rememorado en el lecho de tu muerte, de los que convierten en machote a cualquier gayer.
Pues bien, el asunto es que al día siguiente aparece esta noticia en el 20 Minutos: "Aficionada del Aberdeen presenta denuncia por violación". Dos factores a tener en cuenta antes de entrar en análisis:

1. Escocesa.
2. Borracha.

Fuentes policiales han declarado que desconocen la identidad del agresor porque, según palabras textuales de la mujer, "podía ser cualquiera". Recordemos que en ese momento había en la capital 6.000 hinchas del Aberdeen, un millón de madrileños y cuatro millones de ecuatorianos. Todos ellos dispuestos a satisfacer carnalmente a la alegre aficionada.

Yo tengo la respuesta más vanal a este incidente: todo es culpa de la genética. Según el European Institute of Sexy Research, todas las guiris (entendiendo guiris como las rubias de pelo lacio y enormes pechos que no hablan nuestro idioma) carecen del cromosoma encargado de regular el alcohol en sangre, lo cual, justifica que veamos por la calle a la una de la mañana, cuando todavía nosotros estamos de cañas, a cantidades ingentes de ninfas sin sujetador, bragas ni moral. Si a esto le unimos, que todas las guiris poseen un hueso más al final de la columna vertebral, que les otorga la capacidad de rotar el culo 360º en una discoteca, podemos vaticinar que la aficionada del Aberdeen no sólo no sabrá nunca quien se la benefició, si no que este será el primer paso de una gran carrera.


Él sólo se acercó para venderle una rosa. Ella, en cambio, le abrió su corazón.