Escuchad esta canción mientras leéis más abajo.
Imaginaos una bucólica estampa de invierno en un pueblo cualquiera. Un niño entra a cámara lenta en un colegio. La fotografía es en blanco y negro, preciosista, minuciosa en el detalle. De repente, el niño se cruza con una profesora, ella le sonríe, el saca una recortada, aprieta el gatillo y le hace un boquete del tamaño de una sandía en el pecho. Sigue caminando, abriendo una por una las puertas de todas las aulas y tirando en cada una de ellas una granada de mano. Aparece el color amarillo de la pólvora al estallar.
De repente, cientos de coches patrulla cercan el colegio y comienzan a disparar a todo lo que se menea con pistolas y bazokas. Decenas de helicópteros sobrevuelan la zona lanzando misiles tierra-aire/ aire-tierra que destruyen por completo el colegio. La música va in crescendo. El Pentágono recibe una señal de alerta armamentística y, creyendo que se trata de una amenaza terrorista, decide lanzar sus misiles atómicos sobre el pueblo. Una enorme explosión en forma de seta radioactiva aparece a lo lejos.
A miles de kilómetros de allí, la Inteligencia Rusa hace cundir la alarma: los EEUU han lanzado sus misiles atómicos. Seguro que contra ellos. En una desesperada contraofensiva, todos las lanzaderas rusas disparan millones de proyectiles hacia suelo americano. Desde la estación MIR se ve como América se cubre de polvo.
Comienza la locura colectiva. La India destruye Pakistán, Irán lanza sus misiles hacia Europa y Korea del Norte hace desaparecer del mapa medio continente asiático. El mundo como lo conocemos es pasto de las llamas, el caos y la destrucción. El ser humano ha dejado de existir.
Y eso que me quedan cuatro días para el fin de semana...
martes, 5 de febrero de 2008
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