miércoles 2 de abril de 2008

Mono 18: los embarazados

¡Parad ya, coño! Todo el mundo que conozco está embarazado. Gente con una vida por delante, con un futuro lleno de alegrías, de experiencias y, sobre todo, de libertad, que rechazan con toda impunidad por la incauta razón de concebir una criatura. ¿Pero es que no se dan cuenta de que están firmando una sentencia de esclavitud para toda la vida? Que no son nueve meses, tengo el niño y después llega una señora que se lo lleva a un país mágico, que no, que luego hay que criarlo y todo.

Todos, absolutamente todos. Ya sólo me queda el triste de la pandilla para ir a tomar una copa, porque los demás no pueden salir entre toma y toma. Tanto sacrificio y tanta juventud desperdiciada para criar a un bicho que a las primeras de cambio llevará más oro encima que M.A. y tendrá amigos apodados "La Susi", "El Trolas" y "El Tano".

Reivindico el egoísmo y la avaricia. Que todo el dinero que ganes en tu vida sea para ti, para que lo gastes o lo quemes, pero sólo para ti. Para que te hagas ese viaje a la Luna con el que siempre soñaste, para que te pongas unas tetas cuya talla de sujetador sólo se fabrique en algunas partes de EEUU, para que aprendas idiomas, violoncelo o kung fu aunque no te guste ninguna de las tres cosas. Para lo que quieras, menos para criar un hijo, él no lo hará por ti cuando llegue la hora.

Comprendería lo de tener hijos si estuviésemos en la Posguerra y hubiera que concebirlos como mano de obra barata para llevar dinero a casa (sino por qué os creéis que hay familias con catorce hijos, ¿por amor?). Es más, lo llegaría a entender si me dijesen que es una forma de tener órganos compatibles en caso de enfermedad. Pero nada más. Ni aunque fuera el Rey de España los tendría, muerto yo, por qué va alguien a disfrutar mi yate, mis palacetes, mis motos, mis coches y mis amantes. Que me lo metan todo en el ataúd, como los faraones, esos sí que sabían.

Por eso, propongo tener relaciones con nuestros familiares, no es nada descabellado, que esto ya lo hicieron la Casa de los Austrias, que se mezcle tanto nuestra sangre que después de varias generaciones seamos incapaces de procrear y darnos cuenta de que también criando a un perro puedes ser feliz y solo duran siete años.

Esta es la sensación que tengo cada vez que alguien me dice que está embarazado: